Francia atraviesa una ola de calor que comenzó el 28 de julio y que ya se convirtió en la segunda más prolongada registrada durante un verano, mientras el país enfrenta además una sequía que se encuentra entre las más severas desde que existen registros.

El fenómeno ha provocado temperaturas elevadas durante varias semanas y mantiene la atención sobre los efectos del calor extremo y la falta de agua.

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